Kirah Shaila, eyes of fire
Short story written in Spanish. The title is writen in a made up language called Zanüy. It is the first story in which the imaginary Neliam culture is mentioned. My favourite story, personaly.
Kirah shaila, ojos de fuego
Miro fijamente los cereales. Hoy no tengo hambre. No con lo que voy a hacer. Claramente se me nota en la cara que voy a hacer algo, porque Elía, mi hermana mayor, me pregunta.
-Zack, ¿qué te pasa hoy? No comes nada. –
Tuerzo el gesto “maldita sea, no se mentir”.
-Nada.
Espero que eso funcione para convencerla.
-Zack, -ladea la cabeza- ¿qué te traes entre manos? Ya conozco esa miradita… –
-Ayer, conocí a un hombre viejo y barbudo, que me dijo lo que había más allá del desierto de Kirah Shaila. Y quiero ir. –
Elía me sonríe como si yo fuera un niño pequeño que no se entera de nada. Supongo que eso seré yo para ella. Odio ser hermano menor.
-¿Que hay más allá del desierto, Zack? – Me responde con un tono que va a juego con su mirada.
-Un bosque.
Nunca hemos visto un bosque. Vivimos en un pueblito en medio del desierto. Para nosotros, un bosque es como el paraíso.
-Y un lago.
Agrego. Pero sé que nada la convencerá para ir. No en este desierto.
-Zack, este desierto es difícil de cruzar, sabes que no hay camino seguro. Todo está pensado para matarte. ¿Acaso quieres morir ya? No me digas, has hecho un trato con ese viejo. -Suspira.
-No lo dudes Elía, sé que el desierto es mortal, contando con todas las plantas carnívoras, animales y escasez de agua, pero tengo un plan. He hecho un trato con el viejo.
-Como no- dice ella. Mi hermana suspira.
-Le he cambiado un mapa, con el que puedo ver dónde está el bosque en el desierto y que hay en cada zona peligrosa, a cambio de que el venga conmigo al bosque. Le escoltaré hasta ahí.
Veo como Elía evalúa mi plan y al final asiente.
-Voy contigo.
Me quedo incrédulo. ¡Parece que mi plan puede funcionar al fin y al cabo!
…
Puedo divisar al viejo sentado en un banco. Vuelvo a evaluar mis posibilidades de encontrar el bosque. “Uno, vivimos en una aldea en la mitad del desierto. Dos, tengo a mi hermana. Tres, tenemos armas para protegernos, una botella (con agua) y nada más. Cuatro tenemos a un anciano que probablemente irá superlento, no hay más aldeas en todo el camino donde podamos descansar y para colmo, todo el desierto nos quiere matar.”
-Hola! -Saluda Elía al anciano.
-Hola! -le responde. - ¿Ya nos vamos?
-Si.
Y sin mediar palabra salimos caminando a la salida de la pequeña muralla que nos separa del desierto.
-Chica de ojos morados. - Dice el anciano mirando a Elía.
-Viejo de ojos marrones. -Le responde mi hermana.
-Para que sepas, son verdes. -Le discute el viejo.
-Vale, si tú lo dices… Viejo de ojos VERDES. -Elía le sonríe en ironía. -Mejor? –
-Pues ahora creo que mis ojos son marrones. -El viejo cambia de opinión como si no quisiera estar de acuerdo con ella en nada.
-Viejo… -
-¡Ya parad ya! ¡No hemos ni salido de aquí y ya me sacáis de los nervios! -Les grito -Sois hartantes, vaya. –
Elía se me acerca.
-¿No podemos librarnos de él? Me saca de quicio. – me pregunta sin molestarse a susurrar.
-Pues a mí me parece bastante tranquilo. No nos molestara. -Le contradigo realmente para fastidiarla. Me gano un gruñido de respuesta.
Estuvieron el día entero peleándose. Elía no paraba de preguntarme a ver si no podía atarlo a una piedra (o algo así) y dejarle atrás.
…
Preparamos la tienda de acampada en las fronteras de la zona desértica asesina. El viejo se nos quedó mirando como montábamos la tienda sin mover ni un solo dedo. Al final Elía se me quejo.
-En serio, ¿tiene que estar aquí? No ayuda en nada y solo se queja. – La miro con una ceja levantada.
-Pareces ser más pequeña que yo. ¿No puedes parar de quejarte ya? Y no, no lo vamos a atar o nada. Ese era el trato. –
El viejo se nos acerca. Nos mira de arriba abajo. Y sonríe.
-Tienes mucho potencial. ¿Como te llamas? – Pero no se dirigía a mí.
-Elía. ¿Porqué? –
-Nada, nada. Luego te dire. -Y así sin más, se fue sonriente a la tienda de acampada. Esto se estaba poniendo cada vez más raro.
…
El siguiente día, caminamos tranquilamente hacia la zona de peligro del desierto. Según el mapa, ahora entraríamos en la región de las plantas carnívoras.
-Cuidado! –
El viejo me coje del brazo justo antes de meter el pie en arenas movedizas.
-Gracias. -Le digo.
El solo refunfuña algo ininteligible y se va caminando a una piedra que sobresale de la arena. Y empieza a escribir en un idioma con pinta de ser antiguo.
-¿Que escribes? ¿Estamos en medio de la nada y ahora te da por escribir? -Elia le grita. - ¿Qué te pasa? Estamos en medio de un desierto. –
El viejo no responde y sigue tallando en la piedra algo raro con su espadita.
-¿Que escribes? -Digo realmente interesado.
-Información. –
-ah, que interesante -Dijo mi hermana en ironía.
-Lo vas a utilizar cuando acabe. -Le responde el viejo.
-Yo? Para que –
-Para algo obviamente. –
-Vaya que guay. -Dice mi hermana en ironía (su frase favorita).
El viejo la fulmina con la mirada, pero enseguida vuelve a poner la atención en la piedra que está tallando.
-Vas a necesitarlo. Aprenderás rápido. -El viejo sigue con la piedra que, por su parte, parece que la misma piedra es más interesante que nosotros. Mi hermana le mira como si fuera la primera vez que le ve.
Entonces se oye un rugido. El viejo se levanta, saca su daga y la lanza. Se oye un aullido detrás de las piedras de adelante. El viejo saca otra daga y la lanza justo en el momento en el que la bestia salta. Y le da de pleno. La daga atraviesa pelo y carne, y el monstruo cae al suelo flácido. Muerto. Y sigue tallando. Así, sin más, sigue tallando.
-Pero ¿qué? – Digo sorprendido.
-No me cuestiones muchacho, te acabo de salvar la vida. Acepta esto como un regalo y cállate. -El viejo no se molesta en mirar nada más que la piedra. -Pon la mano. -Le ordena a Elía. Las runas, son raras, y se entretejen en espirales que parecen refulgir. La mano de mi hermana tiembla antes de apoyarla sobre la piedra. La única piedra que sobresale en esta zona del desierto. No pasa nada. Ella solo apoya la mano por alguna razón y espera a que el viejo le explique qué hacer.
-Cierra los ojos y busca el poder que se aprecia debajo de nuestros pies. Ese poder que puedes coger, como alguien toca el agua, como un rio de estrellas. -
Elía asiente y se concentra. Después de un largo rato, el viejo le pregunta:
-Lo sientes, la fuente de energía tan grande, dorada y…
-No. -Le cortó Elía. -No siento nada. –
El viejo se quedo callado. Espero y espero. Y de repente Elía le grito:
-SI! ¡Si! ¡Lo siento! -
-Cógelo. -Le dijo el viejo. Yo solo observaba todo desde una distancia, sobrecogido por la luz cegadora que emanaba mi hermana. Ella gritaba de alegría, y cuando abrió los ojos, vi como esos ojos morados brillaban en todos los colores, morado, azul, blanco… Ella se aferro a la magia que se supone que sentía venir del suelo. Levantó la mano que no tenía apoyada sobre la roca. Sus dedos brillaron antes de que una luz cegadora saliera disparada y le diera a un árbol. El árbol se partió en dos. ¡CRACK! Sonó el árbol. Elía quito la mano de la roca y sonrió.
-Bien. -dijo el viejo. Eso, nada más.
…
Seguimos por el camino. Elía no paraba de hablar sobre el rayo que había hecho antes. Estaba emocionada. El viejo no paraba de refunfuñar por todo el camino. Al final llegamos a la zona llamada “Los siete talentos”. Según el mapa, pasaríamos solo por una de las siete zonas de peligro. “El eco” se llamaba. El viejo nos explicó porque tenía un nombre tan raro el lugar:
-Ahí hay unas criaturas. Estas son criaturas raras. Pueden leer lo que piensas como tu lees un libro, y lo hacen sonar en alto. Dicen lo que piensas. Dan voz a tus pensamientos… Se llaman quivers. Son pequeños, y se parecen a unas lagartijas. Siempre están pegadas a un árbol, pero se camuflan muy bien. Si ves una, no dudes en disparar esa flecha tuya, Elía. -
Nos acercamos al bosquecillo de adelante. El único a la vista en el desierto. Los árboles parecían susurrar. Para no revelar mis pensamientos, empecé a cantar dentro de mi cabeza. Los árboles devolvieron el canto en voz alta.
Que buena idea.
Resonó entre los árboles.
Cantemos pues.
Y se escuchó un canto más que iba a coro con el que yo estaba pensando. Elía siguió tarareando, y los árboles devolvían su llamada.
En la noche cuando la luna como plata se queda
Y la selva ilumina y también la pradera
Viejos lobos de la tribu cantarán al espíritu,
Al espíritu del fuego
Ni tau sarum chi naitem le tucke salom ni ta.
Nirakita sum nafrem.
La canción de Haia. Nuestra salvadora. Es como una leyenda que realmente pasó y salvó a todo el universo contra La Sombra. Un alma traicionada y lista para traicionar que fue derrotada por ella, Haia.
Me uní a la canción que Elía repetía y repetía mientras ella apuntaba con el arco a los árboles. Y soltó la cuerda. Un chillido sonó. Y la flecha cayo con un animal, muy raro, colgando de su punta. Elía observo con cuidado la criatura y después la tiró muy lejos. Seguíamos caminando cuando de repente no había ruido. Nadie hablaba y la selva se silenció. Eso no era bueno. No.
Elía armó su flecha, lista para disparar. El viejo movió las manos hacia delante y creó un escudo azul que en seguida se izo transparente. Yo; me quede de pie esperando. Nada pasó, durante un minuto largo, nada pasó. No volvió el ruido ni se supo por qué.
Entonces lo vimos. Rápido y letal, la bestia saltó sobre nosotros esquivando la flecha de Elía. Aterrizo detrás de nosotros y nos miró. Pero sus ojos no estaban mirándonos, estaban fijos en algo más adelante… Una gran serpiente. Los monstruos, feroces y atroces, saltaron y se enfrentaron. Corrimos aprovechando que las bestias se peleaban para salir del pequeño bosque. A lo lejos se dibujaba el horizonte, unas montañas y un bosque. ¡Habíamos llegado!
…
Llegamos al bosque y construímos una casa, trajimos a los de nuestro pueblo y vivimos felices. El viejo se nos acercó.
-Os tengo que decir algo. ¿Conocéis la leyenda? –
Asentimos.
-La leyenda dice, -Empezó Elía, -Que en el bosque habita una criatura que cambia de forma. Suele ayudar a las personas, los animales y al propio bosque para que sobrevivan en este desierto devastador. Pero solo es una leyenda. ¿Por qué dices? –
El viejo suspiro.
-Créela, porque es verdad. –
Y diciendo eso, se transformo en un lobo y se fue corriendo a los confines del desierto. Libre de toda destrucción habiendo ayudado a tantos humanos a su paso. Corrió, y parecía que volaba, porque saltó y pareció que tocaba la luna. Así se fue, el alma del desierto, conocida como Kirah shaila=ojos de fuego.
Fin.